¿Sabías que tus emociones pueden afectar tu piso pélvico?
Lo que no dices, a veces también se sostiene… allá abajo Tu cuerpo guarda memorias. No solo en la mente, sino también en los músculos, en los huesos, en los tejidos más profundos. Y uno de los espacios que más refleja lo que sientes —aunque no siempre seas consciente— es tu piso pélvico. Sí, ese conjunto de músculos que sostiene tus órganos internos, que acompaña tu ciclo, tu placer y tu energía vital… también sostiene emociones. Muchas mujeres viven tensas sin darse cuenta. Aprietan la mandíbula, el abdomen, los hombros… y también el piso pélvico. A veces por estrés, a veces por miedo, a veces por haber callado durante años. Las emociones que no expresamos, que tragamos, que minimizamos, se alojan en el cuerpo. Y el piso pélvico, al ser un centro energético tan sensible, lo recibe todo. Sentimientos como la vergüenza, la culpa, el enojo reprimido, la tristeza o la ansiedad pueden generar una respuesta muscular automática. Ya sea un exceso de tensión (hipertonía) o una desconexión total (hipotonía), lo cierto es que cuando no escuchamos nuestras emociones, el cuerpo habla por nosotras. Por eso, en Libdo no separamos el trabajo físico del emocional. Cada respiración consciente, cada movimiento suave, cada práctica que hacemos es una invitación a soltar lo que pesa y a reconectar con lo que necesita ser sentido. Porque no se trata solo de fortalecer o relajar: se trata de habitar con amor el espacio más íntimo que tenemos. Cuando comenzamos a liberar emociones, el piso pélvico también se libera. Y con él, muchas veces se liberan bloqueos, dolores, tensiones crónicas o incluso dificultades sexuales. Sanar el vínculo con esta zona es, en el fondo, una forma de volver a confiar en nosotras.








