Author name: Berenice Villatoro

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¿Sabías que tus emociones pueden afectar tu piso pélvico?

Lo que no dices, a veces también se sostiene… allá abajo  Tu cuerpo guarda memorias. No solo en la mente, sino también en los músculos, en los huesos, en los tejidos más profundos. Y uno de los espacios que más refleja lo que sientes —aunque no siempre seas consciente— es tu piso pélvico.  Sí, ese conjunto de músculos que sostiene tus órganos internos, que acompaña tu ciclo, tu placer y tu energía vital… también sostiene emociones.  Muchas mujeres viven tensas sin darse cuenta. Aprietan la mandíbula, el abdomen, los hombros… y también el piso pélvico.  A veces por estrés, a veces por miedo, a veces por haber callado durante años. Las emociones que no expresamos, que tragamos, que minimizamos, se alojan en el cuerpo. Y el piso pélvico, al ser un centro energético tan sensible, lo recibe todo.  Sentimientos como la vergüenza, la culpa, el enojo reprimido, la tristeza o la ansiedad pueden generar una respuesta muscular automática. Ya sea un exceso de tensión (hipertonía) o una desconexión total (hipotonía), lo cierto es que cuando no escuchamos nuestras emociones, el cuerpo habla por nosotras.  Por eso, en Libdo no separamos el trabajo físico del emocional. Cada respiración consciente, cada movimiento suave, cada práctica que hacemos es una invitación a soltar lo que pesa y a reconectar con lo que necesita ser sentido. Porque no se trata solo de fortalecer o relajar: se trata de habitar con amor el espacio más íntimo que tenemos.  Cuando comenzamos a liberar emociones, el piso pélvico también se libera. Y con él, muchas veces se liberan bloqueos, dolores, tensiones crónicas o incluso dificultades sexuales. Sanar el vínculo con esta zona es, en el fondo, una forma de volver a confiar en nosotras.

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Las mujeres de más de 50 años están teniendo el mejor sexo de sus vidas

Y no, no es casualidad, es libertad Durante años nos hicieron creer que el deseo femenino tenía fecha de caducidad. Que al pasar los 50, el cuerpo ya no respondía, que el placer era cosa del pasado y que la sexualidad solo pertenecía a la juventud. Nada más lejos de la realidad.  Hoy, miles de mujeres están demostrando que los 50 son, en muchos sentidos, un renacer… también en la cama.  ¿Por qué está sucediendo esto? Porque a esta edad muchas mujeres ya no están condicionadas por la mirada ajena. Ya no tienen que “cumplir”, ya no buscan aprobación, ni están atadas al deber ser.  Su sexualidad se vuelve más auténtica, más consciente, más conectada con el cuerpo real que habitan. Ya no hay prisa, ni presión. Solo presencia. Y eso lo cambia todo.  Además, con la experiencia llega el conocimiento. Conocen su cuerpo, saben lo que les gusta, lo que no, lo que enciende y lo que apaga. Saben pedir, saben explorar, saben recibir sin culpa.  El sexo deja de ser un acto para otro, y se convierte en un espacio íntimo de autoconexión, gozo y poder. También es cierto que muchas han pasado por procesos profundos: maternidad, divorcios, duelos, menopausia… Y todo eso, lejos de restar, suma.  Les ha dado una profundidad emocional, una sensibilidad distinta y una mirada más honesta sobre lo que significa vincularse desde el cuerpo y desde el alma. En Libdo creemos que el deseo no desaparece con los años, se transforma. Se vuelve más sutil, más sabio, más libre.  Y con él, se expande la capacidad de disfrutar, de soltar tabúes, de abrir nuevas posibilidades. No es magia, es madurez. No es juventud, es poder femenino en su máxima expresión.  Así que sí: las mujeres de más de 50 años están teniendo el mejor sexo de sus vidas. Porque han aprendido a escucharse, a elegirse y a poner su placer en el centro. Y porque finalmente entendieron algo esencial: nunca es tarde para habitarse con placer. Nunca.

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La feminidad no es debilidad: es intuición, poder y presencia

Mi feminidad no es una carga ni una fragilidad que deba ocultar.  Es una fuerza antigua, sabia y amorosa que vive en mí y me habita desde el centro.  No es debilidad, es conexión profunda con la intuición, con el cuerpo, con la vida que se gesta desde adentro.  Mi feminidad es presencia silenciosa que transforma sin ruido, es fuego que arde sin destruir, es agua que fluye sin pedir permiso.  Es la voz que no necesita gritar para ser escuchada.  Es la ternura que no se avergüenza de ser firme.  Es el deseo que se nombra sin culpa y la emoción que se honra sin miedo.  Cada vez que dudo de mí, mi feminidad me recuerda que ya tengo todo lo que necesito.  Cada vez que me siento pequeña, ella me sostiene con sus raíces profundas.  Y cuando me desconecto, me guía de regreso con amor, con paciencia, con compasión.  Mi poder no está en resistir como lo haría otro.  Está en abrazar mi forma única de habitar el mundo.  En llorar y seguir.  En caer y renacer.  En elegir desde el cuerpo, desde el alma, desde mi verdad más íntima.  Ser femenina no es un rol, es una forma de vibrar.  Una energía que sana, crea y nutre. Una revolución suave que se enciende desde adentro.  Hoy, elijo no disfrazar mi esencia.  Hoy, me permito ser lo que soy: poderosa, cíclica, intuitiva, amorosa, libre.  Y desde esa verdad, me convierto en mi lugar seguro.  Porque la feminidad no es debilidad.  Es fuerza que florece en cada respiración.  Es el regalo de habitarme con todo lo que soy.

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¿Qué significa ser mujer… cuando ya no encajas en ningún molde? 

Ser mujer no es una talla, una edad, ni una lista de etiquetas No es cumplir una serie de expectativas, ni seguir el guion perfecto que alguien más escribió. Ser mujer es una experiencia viva, cambiante, profunda. Pero, ¿qué pasa cuando de pronto te das cuenta de que ya no encajas en ninguno de los moldes que antes parecían imprescindibles?  Tal vez ya no eres la niña que querían que fueras, ni la joven “exitosa” según el estándar social. Quizá no eres madre, o lo eres, pero no de la forma en que te dijeron que debías serlo.  Es probable que tu cuerpo ha cambiado y eso te descoloca. Tal vez ya no quieres correr, ni demostrar, ni convencer a nadie. Y ese “ya no encajas” comienza a doler… hasta que descubres que, en realidad, es tu libertad asomándose.  En Libdo creemos que dejar de encajar es un acto profundamente femenino. Es el momento en el que dejas de ser para otros y empiezas a ser para ti.  Cuando eliges moverte desde tu placer, no desde la culpa.  Cuando te escuchas.  Cuando honras tu cuerpo con amor, incluso en sus silencios, en sus arrugas, en su sabiduría.  Ya no encajar puede significar que estás lista para crear tu propia forma. Para vestirte sin pedir permiso, bailar sin que te miren, nombrar tu deseo con voz clara, cuidar tu centro como un altar.

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Películas que toda mujer debe ver 

Historias que te despiertan, te abrazan y te devuelven a ti  A veces, una película no solo se ve: se siente, se queda, se convierte en un espejo o en un susurro que te acompaña mucho después de los créditos.  Las mujeres hemos estado históricamente detrás de cámaras, delante de ellas, y sobre todo, en medio de historias que han sido contadas —o silenciadas— por siglos. Ver cine con mirada femenina es un acto de amor propio. Es permitirte llorar con lo que te toca, enojarte con lo que duele y sonreír con lo que libera.  Por eso, en Libdo te compartimos esta selección de películas que no solo entretienen, sino que nos reconectan con nuestras raíces, nuestra fuerza y nuestra infinita capacidad de sentir.  1. Frida (2002)  Más allá de los cuadros y del mito, esta película retrata a una mujer que se amó rota, se reconstruyó con fuego y convirtió el dolor en arte. Frida es una oda a la autenticidad, al deseo y al cuerpo como territorio de creación y resistencia.  2. Little Women (2019)  Un clásico reinventado desde la mirada femenina de Greta Gerwig. Cuatro hermanas, cuatro formas distintas de ser mujer, y una misma certeza: no hay una sola manera de vivir la vida. Esta historia es para recordar que la independencia también puede ser poética.  3. La sonrisa de Mona Lisa (2003)  Una profesora llega a una universidad femenina en los años 50 para enseñar historia del arte… pero termina enseñando algo más importante: la libertad de elección. Esta película es un homenaje a todas las mujeres que se atreven a romper moldes, incluso en silencio.  4. Thelma & Louise (1991)  Una road movie que se volvió ícono feminista. Dos amigas, una carretera y una fuga que se transforma en viaje interior. Libertad, rabia, sororidad, y ese grito final que aún resuena como un acto de amor radical.  5. Nomadland (2020)  Una mujer decide vivir sin casa fija tras una pérdida y emprende un camino de soledad elegida, libertad austera y belleza en lo simple. Una reflexión sobre los márgenes, la edad, la dignidad y lo que significa pertenecer a una misma.

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Escucha nuestro playlist de la semana

Este momento es para ti. Respira profundo, enciende una vela si quieres, y deja que la música haga lo suyo. Nuestro playlist de la semana está pensado para acompañarte en lo sutil, en lo fuerte, en lo que vibra dentro de ti.  Es una invitación a moverte desde el centro, a sentir con el cuerpo y a recordar que tu energía femenina también se activa con cada nota. Escúchalo despacio… y deja que te abrace.

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5 novelas eróticas que debes leer

Porque el deseo también se cultiva entre páginas  Leer es una forma íntima de tocar, a veces suave, a veces intensa, y cuando se trata de erotismo, las palabras pueden convertirse en caricias lentas que despiertan el cuerpo, activan la imaginación y nos recuerdan que el placer también es lenguaje, metáfora y memoria.  En Libdo sentimos que explorar tu sensualidad no es algo que se hace de puertas cerradas, sino de alma abierta. Leer erotismo no es solo un acto lúdico, es un ritual de autoconocimiento, y estas novelas son el punto de partida perfecto para reconectar con ese fuego interno que a veces duerme… pero nunca se apaga.  1. Delta de Venus – Anaïs Nin  Un clásico que trasciende el tiempo. Anaïs Nin escribió estas historias con una prosa poética y atrevida, donde el erotismo no es solo físico, sino profundamente emocional. Cada relato es una ventana al deseo femenino desde la libertad, la vulnerabilidad y la belleza del lenguaje. Leerla es como sumergirte en un sueño húmedo y elegante.  2. El amante – Marguerite Duras  Una historia corta pero poderosa, que habla de deseo, transgresión y amor imposible entre una joven francesa y un hombre chino en la Indochina colonial. Su estilo es sobrio, casi etéreo, pero cada frase deja huella. Es una novela que arde en silencio y se instala en lo más hondo de la piel.  3. Historia del ojo – Georges Bataille  No es una lectura suave, pero sí profundamente simbólica. Esta novela surrealista mezcla el erotismo con lo onírico, lo filosófico y lo provocador. No es para todos los gustos, pero quienes se atreven descubren una forma distinta de experimentar el deseo y el cuerpo. Un libro que descoloca y enciende a partes iguales.  4. Los 120 días de Sodoma – Marquis de Sade  Controversial, extremo y brutal, este clásico del erotismo oscuro no se recomienda por placer simple, sino por cuestionar los límites del poder, el deseo y la moral. Leerlo es entrar en un terreno incómodo, pero también revelador. Ideal para quien quiere explorar la sombra del erotismo sin filtros.  5. Una flor para otra flor – Megan Maxwell  Si prefieres una narrativa más contemporánea, cercana y romántica, esta novela (parte de la saga Las guerreras Maxwell) es perfecta. Tiene ese equilibrio entre pasión, ternura, juegos sensuales y personajes con los que puedes identificarte. Una historia para dejarte llevar y recordar que el deseo también puede ser dulce y cotidiano.

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5 libros que cambiarán tu vida 

Historias que te devuelven a ti, palabras que te transforman desde dentro  Hay libros que entretienen, otros que informan, y hay unos pocos que despiertan algo profundo en ti. Como si te susurraran: “aquí estás, vuelve a ti”.  Son esos libros que no solo lees, sino que te atraviesan, te confrontan con verdades suaves o intensas, y te devuelven un pedacito de ti que habías olvidado.  En Libdo creemos en la lectura como un acto de autocuidado, de conexión, de revolución silenciosa. Por eso, elegimos cinco títulos que pueden acompañarte en distintos momentos del camino: cuando te sientes perdida, cuando quieres entenderte mejor, o cuando simplemente necesitas que alguien —desde las páginas— te recuerde que no estás sola.  1. “Eva mordió la manzana” – Flavia Dos Santos  Más que un libro, es una declaración valiente y necesaria. Con la fuerza de quien conoce el deseo y la ternura de quien acompaña procesos reales, la psicóloga y sexóloga, escribe un manifiesto para todas las mujeres que han cruzado el umbral de los cincuenta y se niegan a seguir viviendo bajo las reglas de una sociedad que insiste en volverlas invisibles. En un mundo que dice haber avanzado, pero que aún castiga el placer, la libertad y la autenticidad de las mujeres adultas. 2. “Mujeres que corren con los lobos” – Clarissa Pinkola  Estés Un clásico del alma femenina. A través de cuentos, mitos y análisis profundos, Clarissa —psicoanalista y narradora— nos recuerda la fuerza salvaje, instintiva y sabia que habita en cada mujer. Es un libro para leer lento, con el corazón abierto, y dejar que sus palabras despierten partes dormidas de ti. No es solo un texto, es un regreso a tu esencia más pura.  3. “El segundo sexo” – Simone de Beauvoir  Una obra filosófica, sí, pero también emocionalmente transformadora. Simone de Beauvoir cuestiona, analiza y revela cómo el mundo ha construido la idea de lo femenino. Leerla no solo amplía tu mirada, también te empodera con argumentos, historia y pensamiento crítico. Es el tipo de lectura que deja huella y te da herramientas para pensarte con más libertad.  4. “Untamed” (Indomable) – Glennon Doyle  Una carta de amor a la autenticidad, en el que la autora nos comparte su historia de transformación personal y nos invita a dejar de complacer, a romper las reglas impuestas y a construir una vida que se sienta verdadera. Escrito con pasión, vulnerabilidad y mucha fuerza, este libro te hace cuestionarlo todo… para luego reconstruirte desde el deseo real y no desde la expectativa ajena.  5. “El cuerpo lleva la cuenta” – Bessel van der Kolk  Aunque escrito por un psiquiatra, este libro es una lectura profundamente humana sobre cómo el cuerpo guarda traumas, emociones y memorias. No es necesario tener formación médica para entenderlo: está escrito con claridad y compasión. Nos recuerda que sanar es posible, que el cuerpo necesita ser escuchado, y que muchas veces, el silencio físico es el grito más fuerte. Ideal para quienes están en un camino de reconexión corporal.

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5 posturas de yoga para reconectar con tu centro

Porque volver a ti, también es un acto de amor  Tu centro no es solo un conjunto de músculos, es un espacio sagrado donde habita tu poder interno, tu energía vital, tu intuición más profunda.  Cuando la vida va rápido, cuando el cuerpo está cansado o la mente dispersa, es fácil olvidarnos de ese lugar que nos sostiene desde dentro.  El yoga, practicado con suavidad y presencia, es una vía amorosa para regresar a ti misma y habitarte desde la raíz. No necesitas ser experta, solo necesitas intención, respiración y un espacio seguro donde puedas sentir.  Aquí te compartimos cinco posturas que despiertan tu conexión con el centro, sin exigencias, sin juicios.  Balasana (Postura del niño) es una de las posturas más restaurativas para regresar al cuerpo. Al llevar la frente al suelo y plegarte sobre ti misma, el sistema nervioso se calma y el abdomen se relaja, permitiendo que la respiración llegue a zonas más profundas, como tu pelvis. Esta postura te recuerda que no necesitas hacer más para volver a ti. Solo necesitas soltar y sentir.  Setu Bandhasana (El puente) es una hermosa forma de activar el piso pélvico sin rigidez. Al elevar la pelvis y abrir el pecho, fortaleces glúteos, abdomen y músculos profundos del centro. Puedes sostenerla con un bloque debajo del sacro si prefieres una variante más suave. Esta postura te invita a reconocer tu fuerza desde la fluidez, no desde la tensión.  Utkata Konasana (La diosa) es una postura que despierta la energía femenina desde la tierra. Con las piernas abiertas y flexionadas, los brazos elevados y la respiración consciente, activas tu centro, tus caderas y tu fuego interior. Es una postura que enraíza, empodera y reconecta con la sensación de sostenerte por ti misma.  Marjaryasana–Bitilasana (Gato–vaca) es un movimiento cíclico que relaja la columna, suaviza la pelvis y despierta el vínculo entre tu cuerpo y tu mente. Al inhalar y exhalar con intención mientras mueves la espalda, liberas bloqueos emocionales, oxigenas tus órganos y devuelves a tu cuerpo su ritmo natural. Es un masaje interno para tu centro.  Sukhasana o Padmasana (Postura sentada), aunque parezca simple, es una de las más potentes para volver al presente. Sentarte en quietud, con la espalda erguida y la atención en el bajo vientre, es una forma profunda de reconectar con tu útero energético, con tu respiración y con tu silencio. Aquí no se trata de moverse, sino de quedarse. De habitarte. De escucharte.  En Libdo creemos que moverse también puede ser una forma de rezar. Que tu cuerpo, cuando se siente seguro, empieza a hablar. Y que el piso pélvico, cuando es habitado con ternura, se convierte en un portal hacia una energía femenina más consciente, más libre y más viva.

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Test: ¿En qué fase energética estás hoy?

Aunque no estés menstruando, tu cuerpo sigue hablando  Las mujeres no somos lineales. Somos ciclo, cambio, agua. Nuestra energía se mueve con ritmos internos que no siempre coinciden con el calendario. Incluso si ya no menstruas o si estás en otra etapa de tu vida, tu cuerpo sigue vibrando en fases, y cada una de ellas tiene una energía única.  Este test está inspirado en las 4 fases del ciclo menstrual, pero no necesitas estar en tu ciclo para sentirlas. Solo necesitas conectar contigo. Responde con honestidad:  1. Hoy me siento más…  A. Creativa, con ganas de iniciar algo nuevo  B. Conectada, deseosa de compartir y socializar  C. Introspectiva, con necesidad de silencio  2. Mi cuerpo me pide…  A. Movimiento, aire fresco, empezar algo  B. Estabilidad, ternura, belleza  C. Calma, pausa, descanso profundo  3. Mi mente está…  A. En modo ideas, visualizando el futuro  B. Presente, atenta a lo que pasa a mi alrededor  C. Navegando hacia dentro, cuestionando, cerrando ciclos  Resultados:  Mayoría A: Estás en fase de primavera interna (fase folicular) Tu energía está renaciendo. Estás en un momento ideal para comenzar nuevos proyectos, moverte, organizar ideas y visualizar posibilidades. Tu creatividad está en expansión y tu cuerpo pide activación suave. Perfecto para planear, explorar y sembrar.  Mayoría B: Estás en fase de verano interno (fase ovulatoria) Te sientes radiante, expresiva y abierta al mundo. Esta es una etapa ideal para compartir, socializar, comunicarte y disfrutar. Tu energía vital está en su punto más alto. Aprovecha este brillo para vincularte y celebrar tu feminidad expansiva.  Mayoría C: Estás en fase de otoño/invierno interno (fase lútea o menstrual) Estás en un momento de recogimiento y escucha profunda. Tu cuerpo y alma te invitan a mirar hacia adentro, a soltar lo que ya no va y a priorizar el autocuidado. No es momento de exigencias. Es tiempo de honrar tu sabiduría interna.